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IA

Tus charlas con la IA también tienen rastreadores: lo que ha medido IMDEA en ChatGPT, Gemini, Grok y compañía

Un estudio de IMDEA Networks y la Carlos III analiza nueve asistentes de IA usados en España. En seis de sus webs, el enlace, el título o el propio texto de la conversación acaban en servicios de terceros. Qué han visto y qué puedes hacer tú.

Por Redacción 4 min de lectura

Ilustración: un bocadillo de chat con una grieta de la que salen hilos de luz hacia pequeños ojos flotantes
Imagen generada por Kilobita

Cuando le preguntas algo a un asistente de IA, das por hecho que la conversación queda entre tú y la empresa que lo ofrece. Un equipo de IMDEA Networks y la Universidad Carlos III de Madrid ha comprobado que no siempre es así. Su trabajo, titulado «Prompt like a Butterfly, Sting like a Tracker», saldrá en el primer número de 2027 de PoPETs, una de las revistas de referencia en privacidad, y el texto completo ya está en el repositorio de IMDEA.

Lo hemos leído entero. Estas son las conclusiones que más afectan a quien usa estos servicios a diario.

Qué han medido

Nueve servicios: ChatGPT, Claude, Grok, DeepSeek, Gemini, Perplexity, Copilot, Mistral y Meta AI. Probaron las webs y las apps de Android, sin cuenta, con cuenta gratuita y con cuenta de pago, y aceptando, rechazando o ignorando el aviso de cookies. Las pruebas se hicieron en España en mayo de 2026.

No buscaban lo que la empresa hace con tus datos, sino a quién más se los manda: herramientas de analítica, de publicidad y de seguimiento de otras compañías.

Lo que han encontrado

  • 124 dominios de terceros de 44 empresas distintas. 34 de esas empresas se dedican a publicidad o seguimiento.
  • En 6 de las 9 webs y en 3 de las 8 apps de Android analizadas, la dirección de la conversación, su título, la pregunta o incluso una captura de pantalla llegan a algún tercero. A menudo junto a un identificador que permite saber de quién es.
  • Los títulos son lo más delicado. Los genera la propia IA para resumir de qué va la charla, así que dicen mucho: una duda de salud, una deuda, un problema en el trabajo. Tres de las nueve webs los envían a terceros como Meta, TikTok o DoubleClick.
  • En Grok el caso es extremo. Según el estudio, el píxel de Meta recoge el identificador, el título y la dirección de la conversación, y lo une a tu identidad en Meta mediante una cookie.
  • Perplexity envía la pregunta escrita a Wingify, una herramienta de pruebas A/B, y Gemini manda el título a Google Analytics.
  • Las webs de ChatGPT y Claude envían el identificador de la conversación a Datadog, un servicio de monitorización. No es publicidad, pero con ese dato se puede reconstruir el enlace.

Pagar no protege más: los investigadores no ven diferencias claras entre las cuentas gratuitas y las de pago.

Rechazar las cookies ayuda, pero poco

Aquí hay una de cal y otra de arena. El 77,3 % de los envíos de identificadores a terceros en las webs solo ocurre si aceptas las cookies no esenciales. En Claude, por ejemplo, rechazarlas evitó que se activaran el píxel de Meta, la telemetría de Datadog y el reenvío a once plataformas de anuncios.

Pero rechazar no lo apaga todo: el 80,8 % de los rastreadores sigue activo después de decir que no. En cuatro de los nueve servicios, los terceros siguen recogiendo datos aunque hayas rechazado las cookies.

Los enlaces que cualquiera puede abrir

Cada conversación tiene su propia dirección web. El equipo abrió esas direcciones en una ventana privada, sin iniciar sesión, para ver quién podía leerlas. En Grok, las conversaciones de cuentas gratuitas y de pago se podían abrir por defecto; se puede desactivar, pero hay que saberlo. Perplexity hace públicas siempre las conversaciones de quien entra sin cuenta, aunque el 3 de abril dejó de pasarle esa dirección a Meta.

Y cuando usas el botón de compartir, en todos los servicios la conversación queda abierta a cualquiera que tenga el enlace. En esas páginas compartidas, el estudio cuenta nueve terceros con acceso a la conversación completa.

Qué ha pasado desde entonces

Los autores avisaron a las autoridades de protección de datos de la UE y del Reino Unido el 13 de abril, y a xAI, la empresa de Grok, el 17. La Agencia Española de Protección de Datos pidió en mayo que el asunto se tratara entre todas las autoridades europeas. OpenAI cambió su política de privacidad en agosto para mencionar a los rastreadores de terceros; el estudio no puede saber si fue por su trabajo. A 10 de septiembre, Grok seguía con los enlaces públicos y sin responder.

Las pruebas son de mayo. Algunos servicios pueden haber cambiado desde entonces, a mejor o a peor, y nosotros no las hemos repetido.

Qué puedes hacer

  1. Rechaza las cookies no esenciales en cada asistente que uses en el navegador. No lo arregla todo, pero es lo que más recorta según el estudio.
  2. No compartas conversaciones con el botón de compartir si tienen algo personal. Si ya lo has hecho, busca en los ajustes la lista de enlaces compartidos y bórralos.
  3. Si usas Grok, revisa en los ajustes si tus conversaciones son públicas y desactívalo.
  4. Usa un navegador que bloquee rastreadores, como Brave. Los autores lo citan como medida útil, aunque advierten de que no frena el seguimiento que se hace desde los propios servidores.
  5. Cuida lo que escribes: si no se lo contarías a una red social, piénsatelo antes de contárselo a un chatbot.

Nuestra opinión

Los asistentes de IA empiezan a vivir de la publicidad, y el estudio arranca justo por ahí: OpenAI ya ha dado ese paso. Y la conversación con un chatbot no es una búsqueda cualquiera: es más larga, más íntima y viene resumida en un título. Que parte de eso viaje a las mismas herramientas que siguen nuestras compras por internet es justo lo que las autoridades deberían mirar con lupa.

Mientras tanto, la regla práctica es sencilla: trata cada conversación con la IA como si pudiera acabar en manos de un tercero. Si te interesa el lado legal, ya contamos la demanda de ocho estados de EE. UU. contra OpenAI.

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